Un poema de Alicia Gallego

Y para qué...


Y para qué...
Romper los bellos espejos de la vida
el futuro de valiosos diamantes,
la versátil fe y la tenaz esperanza
que pertenecen a la noble infancia.
Ante los ojos distraídos del mundo
el horror, y la locura desatada,
que provocan guerras rancias e inútiles
y el eco de la impotencia que muerde.

Y para qué...
Esas muertes sin sentido que no acaban,
bombas de odio estallando en la memoria,
la voz del poeta plasma sus asombros
los poemas acunan sus sentimientos.

Y para qué...
Quebrar los pilares del hermoso cosmos
que sostienen la paz, la verdad intacta,
mientras el látigo del poder
pone grilletes a los que estorban.
¡Detener! a ladrones de primaveras,
a perversos que queman frondosos bosques,
a cleptómanos de la libertad,
esos que echan candados a las palabras.

Quizás algún día se acaben las guerras
y los niños jueguen sobre verdes campos,
no existirán tanques en calles y plazas
solo habrá sonrisas en sus dulces labios.
Ojalá los abismos de intolerancia
se vuelvan cascadas de amor y ternura,
versos que naden en el corazón
y haya un arco iris de luz y amatistas.
Si se destruyeran hachas de violencia
espadas mojadas de lágrimas negras,
anemias mentales en tronos de barros
y se convirtieran en seres con alma.

Cuánto duele la indigencia provocada,
los ciegos, sordos y los ricos que callan,
el destino sin rumbo en manos de pocos.
Amanecerá en medio de los pesares
regresarán cigüeñas y golondrinas,
la lluvia empapando a todos iguales
el tiempo que sana heridas profundas.

Y para qué...
Romper los espejos bellos de la vida
las torres invisibles de la ética,
la luna remienda los sueños rotos
de los hombres despojados de ilusiones.
Cuando las miradas dejen de ser ríos
y no haya tormentas ebrias de injusticias,
los fieles recuerdos darán su clemencia,
llegando la paz a todos los pueblos.




No hay comentarios:

Publicar un comentario