Un poema de María Bosán

CINCUENTA FEBREROS

Me inunda tu recuerdo y me voy a caminar,
son cincuenta febreros y un solo día más.
con mirada perdida soñando muchas veces,
cansada de esperar y el sueño de tenerte,
pues no quiero perderte ni tampoco olvidar.

Volví a cruzar la senda y, contando abedules,
desnuda de momentos y de llantos sin lágrimas;
levitando los tiempos de la razón ingrávida
hallé nuestro secreto entre flechas azules;
tu inicial con la mía y una fecha grabada,
día que no llegó, siendo historia callada.

Van cincuenta febreros, uno a uno contados
con las noches y días, semanas, meses y años;
primaveras e inviernos, otoños y veranos;
cincuenta los febreros que marcan el pasado.

Ha cesado la lluvia, las nubes se disipan
y en el azul silvestre, desde el oblicuo cielo,
la emitancia del Sol con colores del prisma
un arcoíris dibuja en los templados febreros.

Y yo, sentada en este banco, roto, oxidado y viejo,
me veo paseando de tu mano agarrada,
con palabras sin voz y a golpes de mirada,
sobre el puente de piedra que el río da reflejo.

Soy pluma a la deriva desprendida del ave
que el viento separó en el suave desgarro
y, esperando momentos, te buscaré incansable,
recordando esos días que juntos no pasamos.

Aquí sigo esperando tras telón que silencia,
sorda entre las tormentas que me gritan tu ausencia;
ciega de los sonidos y muda de un recuerdo,
van pasando los días apilando febreros.

El día que me vaya no necesito esquelas,
tan sólo una inicial y de epitafio un poema,
tu nombre con mi nombre en una misma letra;
y así seguir la espera, en verso fusionados,
aunque cincuenta sean los febreros pasados.


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