Un poema de Juan Morales

MESSIAH
a Paula G. Alfaro


Entre los límites etéreos del cielo
y los labios arenosos
de la tierra, siempre anegados
en abscesos de sangre,
existen tus manos, tus dedos,
como augurio de esperanza.
Y entre las quijadas del cañón
resplandecen los hijos de tu risa,
que exhalas mientras consumes
el fuego arbitrario de las piras.

Como lluvia feroz y libre
que descarna los campos,
así deshilas el color de tu luz
entre fulgores de inocencia.
Subiendo a la matriz de las nubes,
bajando al vientre de todas las fosas.
Acaso yo en sepulcro,
o acaso estaré muerto sobre el cielo,
y sonrío al pensar la muerte
vagando inútil
en tus galerías, triunfantes
como la vieja Roma.

En el odio de las nuevas rosas,
rebeldes que pugnan su derecho
sobre el poder del campo,
tu lengua, sensata y convincente,
dictará los discursos
del acercamiento más perfecto.


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