"Mi musa", de Federico González Rabanada


No es númen colosal de altivos vuelos
que deja tras de sí brillantes huellas,
no viste del ropaje de los cielos
recamado de fúlgidas estrellas.
No ciñe cetro ni sagrada veste
ni sabe despertar pasión ni halagos;
no es luz de la eternal región celeste
que se retrata en los azules lagos.
No es la mágica ninfa vaporosa
que envuelta en nivea túnica de gasa,
entre nubes de oro silenciosa
flotando vése, y cual ensueño pasa.
No la viste el dolor con negra bruma,
ni la llena el placer con dichas francas,
ni va en carro triunfal, que amor perfuma
tirado siempre por palomas blancas.
No es perla nacarada desprendida
del ancho mar en las rugientes ondas,
ni el eco suave de canción sentida,
del valle ameno en las alegres frondas.
¡Humilde canto que vibrar rehusa
más allá del hogar en que se inspira;
ese es el canto de mi pobre musa
y ese es el eco de mi humilde lira!


Federico González Rabanada (1864-¿¿??)



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