Un poema de Daniel Moscugat

Daniel Moscugat



Las sábanas de aquel viejo hotel
huelen a primer beso,
fragancia núbil de crepúsculo;
preámbulo de la noche,
inexorable como un insomnio,
irrepetible como la muerte.

Por la ventana
el claroscuro tungsteno
reflejado en una piscina
prisionera de una cárcel;
a lo lejos también el mar
queda aislado por otra frontera.

De la caducidad de un hotel
nada sirve, nada se repite,
sólo la noche.

Lejos queda el descanso,
la libertad de la luz del día,
los besos irrepetibles,
quizá unos acordes de Bob Dylan
a la orilla de unas caderas,...

las noches de hotel
son prisiones de las que uno
siempre quiere escapar;
como de la muerte,
que es como decir
del primer beso,
que nunca se repite
pero siempre llega.


De "Abyssus Abyssum Invocat"
(Inédito, 2017)

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