"Recuerdos", de Adela Zamudio

Allá en la edad infeliz de la esperanza
Cuando mis nobles, íntimos anhelos
Hallaban en el mundo indiferente
Sólo desdén grosero,
Cerrando al mundo con horror los ojos.

De su desdén huyendo,
Me refugiaba, muda y dolorida,
En mis calladas noches de desvelo;
Y entonces, en el fondo de mi mente,
De la ilusión tras el movible velo,
Surgía entre misterios y esplendores
El encantado Edén de mis ensueños.

Allí era yo feliz y me olvidaba
Del universo entero:
En raudal de delicias ideales
Se bañaba mi espíritu sediento;
Que allí todo era paz, todo armonía,
Sombra, frescura y celestial misterio.

Hoy que mi helada y muerta fantasía
Sólo se viste de zarzales secos,
Mustio jardín cuyas marchitas ramas
Cubre de polvo el tiempo.
¡Qué triste está ese Edén abandonado
Cuando a veces lo miro desde lejos!

A veces sí. Cuando con ecos lúgubres
Llama a mi puerta el soplo del invierno
Trayendo en la mudanza de estaciones
Efluvios de otros tiempos,
Reviviendo a la vida del pasado,
De mi sopor despierto,
Y mi alma vuela a esa mansión querida
De mis antiguos, cándidos ensueños.

¡Qué triste está! De un astro moribundo
Lo baña el resplandor amarillento;
Ya no brota una flor en sus ruinas,
Ni un ave anida en sus medrosos huecos;

Los huecos de la vida
No turban ya su sepulcral silencio;
Sola, en las tardes tristes del estío
O en las heladas noches del invierno,
Sentada en sus escombros,
Al son del ronco viento,
Ensaya su laúd la melancolía
Musa de los recuerdos.


Adela Zamudio (1854-1928)



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